El fin del neofeudalismo

Hace 1000 años la vieja Europa vivía una situación convulsa con guerras, hambrunas y enfermedades como la peste que periódicamente diezmaba la población. Una población compuesta mayoritariamente por siervos, la mano de obra que cimentaba la sociedad feudal. De su duro trabajo vivían los señores feudales, dueños de las tierras que los siervos trabajaban. Estos no realizaban ningún tipo de trabajo manual, solamente se ejercitaban en las artes guerreras ya que eran el brazo armado de la aristocracia, la élite feudal, los que manejaban la alta política de los distintos reinos. Además, tenían que soportar también al poder espiritual de la Iglesia, que a cambio de no contribuir con su trabajo satisfacían las necesidades religiosas del vulgo, les marcaban el camino a seguir para lograr su eterna salvación.
La Historia es cambio continuo y hasta llegar a este siglo XXI imperios han surgido y se han hundido, los viejos reinos dieron paso a los estados nación, sangrientas revoluciones convulsionaron el continente y miles de seres humanos murieron para mejorar sus condiciones de vida, la de los más humildes. Pero analizando la situación del mundo actual, en realidad no ha cambiado tanto. Hoy en día, el señor feudal se ha convertido en empresario, que cuando le conviene no duda en arrojar a la basura al trabajador en tiempos de crisis. La aristocracia medieval hoy se ha convertido en un conglomerado de empresas multinacionales, que son los que financian a los políticos que nos gobiernan mediante el sencillo método de financiar a A y a B, y el ciudadano solo puede elegir entre A y B ambos en manos de estas grandes empresas. Y en manos de los políticos y del Estado están los sindicatos, los en teoría defensores de las clases humildes, ya que se han institucionalizado y convertido en parte del sistema. En cuanto a la religión, el nuevo Dios es el consumo y a quien tenemos que mantener para lograr el acceso a la divinidad es al sistema financiero. Los bancos nos dan créditos para acceder al consumo y así consiguen la sumisión social.
¿Cómo salir de esta ratonera? Se necesita un movimiento que propugne un cambio real, un vuelco en esta sociedad tan injusta, un viento fresco que barra de una vez por todas los rancios sistemas de explotación que sufrimos la mayoría de la población mundial. ¿Quién liderará ese cambio? ¿Cuándo? Me temo que ese movimiento no se originará en los acomodados países del mundo occidental, vendrá de los más desfavorecidos entre todos los humildes, de los que ven a sus hijos morir de hambre por la insaciable ansia de rapiña del Primer Mundo. La revolución esta vez vendrá en patera.

About José Luis Salgado Airas

Mi nombre es José Luis Salgado y vivo en Vitoria-Gasteiz. Soy periodista y trabajo en comunicación online como freelance.
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2 Responses to El fin del neofeudalismo

  1. Javi de Ríos says:

    En tu propio análisis está implícita la falta de soluciones. Lo que no podemos hacer es dejar nuestra mente también aparcada en el feudalismo.

    Creo firmemente en la libertad de mercado. Ahora bien, creo más firmemente aún que las grandes empresas y muchísimo más aún las multinacionales violan dicha libertad cada minuto.

    Cero que es muy cómodo anclarse en el discurso de empresario malo trabajador bueno. No me interesan ni quienes se resignan a ser toda su vida trabajadores de las empresas que a la vez denostan ni tampoco estas grandes corporaciones cuyos intereses oscuros parexcen ir mucho más allá de la actividad empresarial.

    Creo sin embargo que los pequeños empresarios son el músculo de esta sociedad, que sin embargo les suele premiar con la “triple vírica”: el desprecio de los trabajadores, el sangrado al que les somete las admnistraciones y la comètencia desleal de las grandes empresas.

    Creo pues también que las soluciones no han de venir del tercer mundo, porque por desgracia en algunos casos sí que siguen inmersos en una sociedad feudal, la soluciones están en el primer mundo: la soluciones pasan por las pequeñas empresas, por los autónomos, por las cooperativas, ¿por qué no?, por granjas colectivas tipo Kibutz.

    Pero es mucho más cómodo trabajhar para Coca-Cola o para el Gobierno Vasco y luego quejarnos porque nosotros somos de izquierdas y ellos de derechas. Siempre he creído más en las ideas que en las ideologías, aunque luego a la postre resulte que las buenas ideas sobn progresistas.

    P.D.: Desde luego, lo menos progersista que hay hoy en día es un sindicato

  2. faidit says:

    Javi, creo que no he hecho un análisis de empresario malo y trabajador bueno, sino que creo que el trabajador es el que sufre la desigualdad. Ese mismo trabajador si llega a ser gran empresario no iba a cambiar nada, todo lo contrario, intentaría mantener su nuevo estatus. Es la naturaleza humana.
    Yo también creo en la libertad de mercado pero eso hoy en día no existe, no hay una verdadera competencia sino un oligopolio Lo vemos todos los días con las empresas telefónicas, las proveedoras de gas y electricidad, las petroleras: los precios se pactan y se imponen y el margen para la “sana competencia” se reduce a cero.
    En cuanto a la solución, está claro que la desconozco y no creo que nadie la conozca. ¿Las cooperativas? creo que hoy en día están también en crisis y creo que tienen los mismos problemas que apuntas en las pequeñas empresas y autónomos.
    Yo también creo más en las ideas que en las ideologías, que han demostrado su dogmatismo y su fracaso durante siglos. Pero, a este paso, lo que venga del Tercer Mundo no va a ser ideología sino violencia, y me gustaría equivocarme, pero no se puede empujar hacia el abismo a millones de personas y esperar a que se queden tranquilamente de brazos cruzados.
    Un saludo y gracias por el comentario.

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