Mi reportaje sobre las elecciones iraníes en HARITU

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El día 12 de junio se celebraron las elecciones presidenciales en Irán, elecciones que a la postre iban a sacudir los cimientos de esta República Islámica y que iban a provocar una reacción social sin precedentes en el actual régimen iraní desde su nacimiento en 1979, cuando revueltas populares de carácter similar acabaron con la dictadura del Sha Mohammad Reza Pahlevi. Mientras las autoridades se apresuraban a dar la victoria en los comicios al presidente “saliente” Mahmud Ahmadineyad, una gran parte de la sociedad percibía que se habían alterado los resultados para evitar que llegase al poder el candidato moderado Mir Husein Musaví. La consecuencia es que muchos de los partidarios de Musaví se echaron a la calle para solicitar el esclarecimiento del recuento electoral. El régimen de los ayatolás ha respondido con dureza a estas protestas, como hemos podido seguir en los medios de comunicación los pasados días.
Irán en 2009
La celebración de estas elecciones podría darnos a entender que Irán es una democracia. Nada está más lejos de la realidad. El sistema político que se constituyó tras el exilio del Sha está fundamentado en la ley islámica y férreamente dirigido por los máximos dirigentes de la doctrina chií. La autoridad máxima del país es el Guía Supremo, actualmente Sayed Alí Jamenéi, que detenta en su persona el poder sobre el estamento militar y policial, los medios de comunicación y la judicatura. Además, se encarga de nombrar a 6 teólogos que, junto a 6 juristas forman el llamado Consejo de Guardianes, que a su vez elige a los candidatos a la presidencia. El Presidente es, por tanto, un mero ejecutor de las directrices de instancias superiores absolutamente controladas por la jerarquía religiosa chií.
Este sistema político se ve reflejado en una realidad social opresiva. Según el Informe 2009 de Amnistía Internacional, el número de ejecuciones el pasado año ha sido de 346 reconocidas, hay 133 personas condenadas a muerte, la tortura y los malos tratos son prácticas habituales, se imponen a menudo penas tan crueles como flagelación y amputación, se discrimina gravemente a mujeres, gays, lesbianas y a las minorías étnicas y religiosas. Las libertades de expresión y de asociación están férreamente controladas. Los 72 millones de habitantes que hoy en día viven en Irán tienen seriamente coartados la mayoría de sus derechos fundamentales. Incluso se imponen directrices en cuanto a la forma de vestir, sobre todo a las mujeres, y se les limita el uso del maquillaje, los pantalones ajustados e, incluso, las gafas de sol.
Esta sociedad con derechos limitados se ha visto afectada en los últimos años por una creciente crisis económica, debida sobre todo a la caída de los precios del petróleo y a la probable asignación de grandes partidas de dinero público a proyectos “ocultos”. El periodista y experto en economía iraní Bahman Ahmadi Amouee, cree que la administración de Ahmadineyad ha gastado unos 238.000 millones de dólares desde 2005 en proyectos relacionados con el desarrollo nuclear y la industria militar. La combinación de estos factores ha supuesto que la inflación suba hasta el 30 por ciento y el desempleo hasta el 10 por ciento, creando un descontento social, sobre todo entre las clases medias urbanas. La respuesta de Ahmadineyad ante este descontento ha sido tomar medidas de tan dudosa efectividad como el reparto de patatas entre la población o ayudas económicas directas a las familias, en lugar de dedicar ese dinero a crear empleo y dinamizar así la maltrecha economía iraní.
Las elecciones presidenciales
En este marco social se convocaron las elecciones presidenciales del 12 de Junio, elecciones en las que concurrían los candidatos que habían superado el filtro previo del Consejo de Guardianes de la Revolución, el órgano que garantiza la adhesión de los presidenciables a los principios fundamentales del régimen teocrático. Como ya sucedió en 2005, la elección se iba a dirimir entre dos corrientes: la más conservadora, encarnada en el presidente Ahmadineyad, que representa la continuidad de la ortodoxia del régimen de los ayatolás, y una línea más reformista, que defiende una mayor apertura del sistema político iraní. Esta línea reformista que lidera en 2009 Mir Hosein Musaví, es la continuadora de la candidatura derrotada en 2005, cuando el actual presidente Ahmadineyad se impuso (también en circunstancias poco claras) al clérigo reformista Mohamed Jatamí, que había presidido el país desde 1997. Hay que tener en cuenta que esta línea reformista no va contra la naturaleza del régimen islámico, sino que aboga por cambios económicos y sociales, acordes con el sentir de esa clase media que se ha visto perjudicada por la crisis económica y el desempleo, pero que no afectan a la estructura del actual sistema político.
El día de las elecciones, las ilusiones de esa gran parte de la ciudadanía se vieron truncadas de raíz. Y no porque Ahmadineyad ganase las elecciones limpiamente, sino porque el régimen manipuló los resultados de forma burda y descarada para favorecer al candidato continuista. Las pruebas que han ido saliendo a la luz son abrumadoras: localidades en las que el número de votantes por Ahmadineyad superan el número de electores censados, videos en los que se aprecian como miembros del Ejército llenan las urnas con votos a favor del presidente o colegios electorales que cerraron dejando a miles de electores sin la posibilidad de ejercer su derecho. Ese mismo día, miles de personas se echan ya a la calle para denunciar este fraude y se comienza a solicitar al Consejo de Guardianes la repetición de los comicios.
¿Dónde está mi voto?
A partir de la proclamación de la victoria aplastante del candidato preferido por la cúpula del régimen, las protestas se hacen cada vez más intensas y aglutinan a cada mayor número de personas. Este sector reformista de la sociedad iraní, formado principalmente por jóvenes urbanitas y personas pertenecientes a una clase media venida a menos a causa de la crisis y que se había movilizado masivamente a favor de Musaví durante la campaña electoral, empieza a preguntarse y a preguntar a las autoridades: ¿Dónde está mi voto? Cabe destacar el papel que han jugado en estas protestas las nuevas tecnologías. Nos han mostrado a una generación que se mueve con fluidez por las redes sociales como Twitter o Facebook, que suben videos a YouTube o imágenes a Flick desde sus teléfonos móviles y que se organizan mediante SMS.
Las autoridades reaccionan y comienzan a reprimir las manifestaciones mediante la violencia ejercida tanto por los cuerpos policiales como por milicianos afectos al régimen. Las víctimas mortales ascienden ya a trece personas y las detenciones afectan ya a 627 personas, de muchas de las cuales se desconoce su paradero actual. Un centenar de estos detenidos son figuras políticas ligadas al movimiento reformista. El régimen ha intentado impedir que el mundo conozca las protestas y ha expulsado a periodistas, ha perseguido a blogueros y ha reducido el ancho de banda de las conexiones a Internet para evitar que se suban fotos y videos a la red.
La actitud del líder reformista Musaví durante estas protestas ha sido la de mantener el pulso frente al golpe de estado “de facto” que ha supuesto la proclamación de la victoria de Ahmadineyad. Ha sabido mantenerse en un discreto segundo plano, pero se ha sumado al luto por las víctimas mortales, ha pedido que la población se declare en huelga en caso de que las autoridades ordenen su detención e incluso ha declarado que está “listo para el martirio”. A pesar de ser un candidato del régimen, como todos ellos, y de no cuestionar los principios básicos en los que se sustenta el régimen, ha sabido catalizar en torno a su figura el descontento de amplios sectores de la sociedad iraní. De momento, su futuro es más bien incierto al igual que el impacto que tendrán las protestas en la continuidad de Ahmadineyad como presidente, aunque todo hace presagiar que la continuidad del régimen está asegurada.
Reacción internacional
Esta desestabilización interna de uno de los grandes países productores de petróleo no podía pasar desapercibida para los gobiernos occidentales, que se han apresurado a pedir a las autoridades iranís que aclaren el presunto fraude electoral. La reacción del gobierno iraní ha sido acusar a Estados Unidos, Reino Unido, Francia y Alemania de instigar las revueltas para intentar derrocar al régimen y favorecer a Israel. Incluso hay quien ha hablado de conspiración de los servicios secretos occidentales para desestabilizar el país fomentando las revueltas para así tener una excusa para intervenir militarmente, como se ha hecho ya en Irak o Afganistán. Parece claro que el intervencionismo en la zona se va a incrementar cada vez más en función de que disminuyan las reservas mundiales de petróleo. La tarta se va a ir reduciendo y hay grandes intereses en conservar su porción intacta. Mientras la prosperidad de nuestras sociedades siga basándose en el uso de combustibles fósiles va a resultar muy difícil que los habitantes de esa zona que conocemos como Oriente Próximo pueda vivir en paz y disfrutar de derechos humanos reales.

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About José Luis Salgado Airas

Mi nombre es José Luis Salgado y vivo en Vitoria-Gasteiz. Soy periodista y trabajo en comunicación online como freelance.
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5 Responses to Mi reportaje sobre las elecciones iraníes en HARITU

  1. faidit says:

    Mi reportaje sobre las elecciones iraníes en HARITU http://twurl.nl/ohlswz

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  2. Pingback: Paul Rios

  3. Paulrios says:

    Un artículo de un tuitero para la revista de @lokarri RT @faidit Mi reportaje sobre las elecciones iraníes en HARITU http://twurl.nl/ohlswz

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  4. Paul says:

    Me ha encantado el artículo, muy especialmente la primera parte en la que explicas cómo funciona la supuesta democracia en Irán. Creo que es un dato importante para saber qué está ocurriendo en ese país. Al final, no hay concurrencia libre de opciones, ya que todas deben ser aprobadas de manera previa, por lo que los hechos ocurridos tienen más gravedad. ¿Qué hubiese podido pasar si se presenta una candidatura en contra de los principios de la teocracia que hubiera recibido un gran respaldo en las urnas?
    .-= Paul´s last blog ..Opiniones que hemos recibido sobre Lokarri =-.

  5. José Luis Salgado Airas says:

    Ya ves que eso es simplemente imposible. El control político está muy estructurado y es ferreo. La verdad es que recuerda un poco al sistema franquista y ya ves lo que duró el régimen.

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