
Que la situación en Afganistán va de mal en peor ya no es una sorpresa para nadie. Los talibanes han conseguido consolidarse en buena parte del paÃs y desde ahà se dedican a hostigar a las tropas de la OTAN, como ya lo hicieran sus padres con el Ejercito Rojo soviético. Y en medio de esta continua refriega están las tropas españolas en “misión humanitariaâ€. El pasado jueves, un convoy español del Grupo Táctico de Apoyo a las Elecciones sufrió una emboscada en la que no hubo bajas propias, pero murieron 13 insurgentes afganos. El ataque se produjo en el mismo lugar donde dÃas antes ya habÃa fallecido un sargento del Ejercito Español.
Bueno, pues parece que la respuesta del ejecutivo de Zapatero va a ser el refuerzo del contingente sobre el terreno. Es decir, enviaremos más tropas al avispero en el que se esta convirtiendo este conflicto en el que tan poco tenemos que ganar y en el muchos ya han perdido lo mas preciado: su vida. Son ya 89 los militares españoles fallecidos y 45 los heridos desde que comenzó este conflicto, allá por 2002. Peor parte se lleva la población civil, que ya suma más de 3500 muertos, a los que hay que añadir unos 6000 heridos, todo ello tirando por lo bajo.
¿Y donde están todos aquellos que decÃan “NO a la Guerra†en Iraq?¿Por qué lo que era intolerable en Iraq es tolerable en Afganistán?¿Nadie va a levantar la voz en contra de esta ampliación del número de militares sobre un terreno cada vez más inestable? No dudo que el objetivo final de llevar la democracia a un paÃs que ha sufrido tanto durante tanto tiempo sea loable, pero los medios empleados para ello son mas bien perversos. La democracia, que implica el respeto a los Derechos Humanos, no puede imponerse por las armas, sino que tiene que tener una base de cultura democrática. Y Afganistán no parece andar sobrada de esta cultura, este “humus†básico sobre el que debe arraigar el árbol de la democracia. Sin una base, este árbol morirá antes de conseguir desarrollarse.
Es hora de decir basta, de retomar el “NO a la guerraâ€, de abandonar el seguidismo de las delirantes polÃticas militaristas de los Estados Unidos, de dejar que sean los afganos los que determinen el futuro de su paÃs. Basta ya de ataúdes cubiertos con banderas y de muertes inútiles. Basta de dilapidar recursos humanos y materiales en causas que, en el fondo, no nos competen en absoluto. No hay ni gloria ni mérito alguno en esta lucha. Que no vayan más. Que vuelvan a casa. Cuanto antes mejor.





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Resolver primero los problemas internos y luego mirar lo que se puede hacer afuera, de todas formas participar en guerras que no son propias es absurdo.
Un saludo.
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