Ya está más que claro que la crisis nos va a seguir acompañando durante este 2010. Aunque algunos nos quisieron hacer ver esperanzadores brotes verdes, la realidad es tozuda e inmisericorde. El desempleo continua creciendo y las empresas no acaban de ver el final del túnel. Los únicos que continúan ganando son los bancos, los mismos que debÃan regar esos brotes verdes, y que siguen prefiriendo acumular recursos, no sea que la sequÃa les llegue a ellos también. Ahora somos conscientes de que el modelo de crecimiento tanto de Aznar como de Zapatero era un gigante con los pies de barro. Y ya lo dice la sabidurÃa popular: más dura será la caÃda. El resultado de apostar por ese modelo no ha sido crear riqueza para el paÃs, sino todo lo contrario, acentuar las desigualdades entre los ciudadanos, haciendo que la crisis económica pase a ser una crisis social, un lastre que hipoteca nuestro futuro, por lo menos durante unos cuantos años.
Pero esta crisis que sufrimos va más allá de la economÃa y más allá de nuestro entorno más inmediato. Es una crisis que afecta al modelo de Estado del Bienestar vigente en Europa Occidental desde el final de la II Guerra Mundial. El papel de Europa en el concierto internacional es cada vez menor. El centro de gravedad geopolÃtico se está trasladando paulatinamente hacia las economÃas emergentes. Los Estados Unidos se debaten en contradicciones internas, cada vez más debilitados desde que perdieron su reflejo soviético.
¿Cómo se puede competir contra una economÃa como la China? La mezcla de férrea dictadura y capitalismo salvaje que practica el gigante oriental es la receta perfecta para acabar con las economÃas que garantizan la protección social de los ciudadanos. Y en Occidente, en lugar de demandar a paÃses como China que respeten los derechos humanos, en lugar de exigir que jueguen con las mismas reglas al juego de la economÃa, solo hemos querido ver una gran oportunidad de mercado, hemos incentivado que las empresas se deslocalicen hacia estos paÃses, como siempre, para beneficio de unos pocos.
Evidentemente, los sectores dominantes de nuestra sociedad no quieren ver como el pastel se lo comen otros y ya están exigiendo a los polÃticos que recorten derechos que los ciudadanos europeos venÃamos disfrutando durante décadas, y que son una de nuestras principales señas de identidad. Los empresarios europeos han decidido que la competitividad se tiene que lograr recortando los derechos sociales de los trabajadores. Por eso piden despidos cada vez más fáciles, sin “trabas administrativas ni judicialesâ€, como declaraba hoy mismo el empresario textil Adolfo Dominguez. Por eso se recortan las indemnizaciones por despido, se alargan las jornadas de trabajo y se retrasa la edad de jubilación. Parece que el modelo en que creÃamos no va a durar mucho. Y cuando falla este modelo, al final todo se reduce a ver quien tiene más tanques y cañones. Y siempre pierden los mismos.
Crisis económica y crisis de modelo
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Propongo otro punto de vista: la crisis es del sistema.
El sistema capitalista jamás ha reparado en los medio de producción, ni en la fuerza de producción, salvo para optimizar los resultados reduciendo costes y aumentando la eficiencia. (Siempre se ha llamado explotación)
Durante los dorados 80, la bonanza económica apoyada en la explotación de recursos y rentas de los paÃses del tercer mundo y en los flujos de capitales, repercutieron sobre los trabajadores, del primer mundo, en forma del Estado del Bienestar.
El sistema capitalista quebró, pero se habÃa dotado de sistemas polÃticos que minimizaron el impacto: “La banca siempre gana” (que es un dicho popular del Monopoly) cobra una veracidad escalofriante.
Creo que hay que reajustar el punto de vista, diferenciarlo del que nos trasladan los medios de comunicación y exigir a nuestros polÃticos medidas que limiten la presión del neoliberalismo, que les pidan cuentas y cumplimiento de la responsabilidad social, que como columna vertebral del sistema, alardean.
Creo que hay que exigir responsabilidades a quienes han provocado la crisis, que estamos pagando nosotros tanto directamente, como en pérdida de derechos y libertades civiles.