El precario equilibrio nuclear

El pasado jueves los presidentes Obama y Medvédev firmaron el Tratado START III, que limita el número de armas nucleares estratégicas que pueden tener desplegadas ambas potencias. Los países protagonistas de la Guerra Fría y de la escalada armamentística más absurda de la historia de la humanidad, se comprometen así a reducir en un tercio sus arsenales nucleares. Como objetivo secundario, Rusia y EEUU pretenden presionar así a estados como Irán o Corea del Norte, que mantienen programas nucleares activos para conseguir entrar en el selecto club atómico.
A través de ciertos medios, la firma de este tratado se nos ha vendido como un gran avance para la desnuclearización total que promueve (al menos en su espíritu inicial) el Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares. También hemos escuchado que este es el fin (el enésimo fin) de la Guerra Fría y que el mundo va a ser más seguro desde la firma en Praga de este Tratado. Nada más lejos de la realidad.
Las cabezas nucleares que se van a retirar son las más antiguas y las más caras de mantener. Por eso se retiran, ya que además son redundantes, es decir, la destrucción de toda la vida sobre la Tierra está más que garantizada con los arsenales que van a permanecer activos. Además, este Tratado se refiere solamente a las armas estratégicas, es decir, las desplegadas en lanzamisiles, misiles balísticos intercontinentales, misiles nucleares instalados en submarinos y bombarderos estratégicos nucleares. No afecta para nada a las armas tácticas, de las que ambos estados están también sobradamente dotados.
También cabe destacar que Rusia se reserva el derecho de abandonar dicho tratado si considera que el famoso escudo antimisiles norteamericano (DAM) amenaza su seguridad. Esto significa que, en el momento que el escudo antimisiles funcione, Rusia tomará las medidas que considere necesarias para garantizar su seguridad. Esto significa que el Tratado START III pasaría automáticamente a ser papel mojado.
El Tratado tampoco afecta a los arsenales de los demás países que disponen de armas nucleares. Entre ellos destaca China, que no tiene ninguna intención de reducir su arsenal, sino que ha apostado por la mejora cualitativa y cuantitativa de su arsenal atómico. Se habla mucho de Irán y Corea del Norte, pero casi nadie reprocha a países como Israel, Pakistán o India el mantenimiento de armas nucleares en zonas “calientes” y en las que el empleo de dichas armas significaría un inmenso desastre de consecuencias imprevisibles.
Desde que desapareció la Unión Soviética en 1991, nos hemos creado la ilusión de que se había desterrado el peligro de una guerra nuclear. Nada más lejos de la realidad. Y este Tratado no supone ningún avance real para que el desarme total sea una realidad más cercana. El equilibrio nuclear continua existiendo, sigue siendo una espada de Damocles suspendida sobre la especie humana. Es más, al desaparecer el equilibrio de fuerzas que protagonizó la Guerra Fría, potencias emergentes como China o con aspiraciones de dominación territorial como India o Irán buscan su espacio vital, creando así conflictos localizados pero difícilmente controlables con los mecanismos que funcionaron durante la Guerra Fría y que hoy evidencian su incapacidad. Una vez más la “realpolitik” se impone a la lógica, a la búsqueda de la paz y del bienestar de nuestra especie.

Foto: fw190a8 (Flickr)

About José Luis Salgado Airas

Mi nombre es José Luis Salgado y vivo en Vitoria-Gasteiz. Soy periodista y trabajo en comunicación online como freelance.
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