La tragedia griega

Vivimos en una época en la que van estallando todas las burbujas financieras, siempre con trágicas consecuencias para el conjunto de la ciudadanía. Ahora el turno le ha tocado a Grecia, país que está al borde de la bancarrota. Mi impresión como profano en los entresijos de la economía es que, como ha sucedido en España, en Grecia se ha vivido por encima de sus posibilidades reales desde que entraron a formar parte de la zona Euro, una moneda fuerte, pero sustentada sobre todo por la fortaleza de la economía alemana y, en menor medida, la francesa.
Ya se ha puesto en marcha un plan de rescate para la economía griega, un plan necesario para mantener la integridad del euro, según dicen los expertos. Un plan de ayuda que va a afectar muy negativamente a la economía doméstica de todos los griegos, que se han convertido en pobres de la noche a la mañana. Y la peor parte ya sabemos todos quien se la va a llevar: no precisamente los especuladores que han causado esta situación y que ya han puesto sus fortunas en otros casinos más rentables.
¿Hasta donde se puede tensar la cuerda sin que se produzca una fractura social de imprevisibles consecuencias? Eso es lo que vamos a ver en los próximos meses en el estado heleno. De momento, ya se han producido graves enfrentamientos en las manifestaciones obreras del 1 de Mayo en Atenas. Pero lo peor es que la ciudadanía ha perdido la fe en los partidos tradicionales y en los sindicatos, lo que abre el camino a partidos radicales y/o populistas en unas próximas elecciones, algo siempre de imprevisibles consecuencias.
Todo este asunto nos lleva a reflexionar sobre la estructura de la Unión europea, que ha vuelto a revelarse como un gigante con pies de barro. Alemania no va a estar siempre ahí para sacar las castañas del fuego a aquellos estados que no hacen sus deberes. Se evidencia una vez más que los Estados-nación son un lastre para que Europa mantenga su situación en el panorama económico y político mundial, debilitada por la incapacidad de mostrar una única postura. Hay temas como economía, defensa o política exterior que deben estar por encima de las veleidades de unos y otros, que entorpecen el paso firme de todos por peregrinas cuestiones domésticas. Mientras Estados Unidos, China o Rusia mantienen un rumbo definido y claro, Europa se comporta como una jaula de grillos incapaz de tomar decisiones claras y con unas instituciones mastodónticas lastradas por viejos y absurdos nacionalismos que perpetúan viejas heridas y supuestos agravios del pasado y nos imposibilitan avanzar hacia un futuro marcado por una ciudadanía europea responsable y consciente de que los problemas del siglo XXI requieren enterrar estructuras e ideologías del siglo XVII.

Foto: KiltBear (Flickr)

About José Luis Salgado Airas

Mi nombre es José Luis Salgado y vivo en Vitoria-Gasteiz. Soy periodista y trabajo en comunicación online como freelance.
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