Irak: una guerra sin final

El presidente Barack Obama ha dado por finalizadas las operaciones de combate en Irak y ha afirmado que las tropas que quedan en el país se dedicarán exclusivamente a la formación de las tropas y cuerpos policiales iraquíes. Los estadounidenses dejan 50.000 efectivos (además de 70.000 mercenarios) en un país sumido en el caos de la posguerra, gobernado por un ejecutivo provisional ante la incapacidad de los partidos políticos de ponerse de acuerdo tras seis meses desde que se celebraron las elecciones y en el que muere una media de 250 civiles al mes a causa de los ataques de la insurgencia.
Los siete años que han transcurrido desde que en Marzo de 2003 se consumase la vergonzosa invasión por parte de las tropas de los coaligados de las Azores, no han traído casi nada positivo ni para los ciudadanos iraquíes ni para la estabilidad de una zona, que no necesitaba precisamente una cruzada occidental para llevar la democracia a sus ya castigados habitantes. A costa de la vida de más de un millón de iraquíes, se ha sustituido a un infame tirano como Sadam Hussein por un gobierno incapaz de gobernar y de mantener las mínimas condiciones de seguridad para que se sienten las bases de una sociedad próspera.
Entonces, ¿que hay de cierto en la afirmación de que la guerra ha terminado y que los Estados Unidos se retiran y ceden el control del país a los iraquíes? Básicamente, nada. Es simplemente una pose de Obama frente a la opinión pública estadounidense. Una retirada real de los americanos del territorio iraquí, supondría renunciar al verdadero motivo de la guerra, es decir, el control de las reservas de petroleo por parte de las empresas occidentales, bendecido por un gobierno fuerte, pero afín a los intereses occidentales.
Además, esta retirada sería la consagración del principal error de cálculo de la política estadounidense en el Golfo Pérsico: la guerra de Irak ha convertido a Irán en la gran potencia de la zona, con una influencia cada vez mayor dentro del propio gobierno iraquí y de los partidos chiitas. Pensar que sunnitas, chiitas y kurdos iraquíes van a ser capaces de ponerse de acuerdo para compartir el poder y la riqueza petrolera del país es un ejercicio de optimismo que ya pocos analistas se atreven a hacer.
Ya podemos decir claramente que los Estados Unidos han perdido la guerra, al menos la guerra que habían diseñado Bush y Cheney, basada en el abrumador poder militar, pero sin tener en cuenta el día después. Los funcionarios de la administración Bush no supieron valorar el titánico esfuerzo que iba a suponer el mantener la ocupación pacífica de Irak mientras materializaban sus planes neocón, que tan fáciles parecían de aplicar desde los despachos del Pentágono. Ahora, la patata caliente ha caído en manos de Obama, que da la sensación de no saber muy bien que hacer con esta guerra para que no afecte catastróficamente a los intereses globales de su país. Y por si fuera poco, aún le queda otro papelón en Afganistán.

Foto: The U.S. Army (Flickr)

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About José Luis Salgado Airas

Mi nombre es José Luis Salgado y vivo en Vitoria-Gasteiz. Soy periodista y trabajo en comunicación online como freelance.
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