Democracia real, ¿cómo?

Parece que una ola de indignación recorre el Reino borbónico y en las plazas de muchas ciudades aparecen multitudes que hasta ahora solamente veíamos en fin de año o cuando el club deportivo de turno celebraba alguna heroica gesta. A partir de la convocatoria de unos cuantos usuarios de redes sociales que sienten que con este sistema no pueden realizarse como ciudadanos con plenitud de derechos, se ha prendido una mecha que se ha extendido por todo el mundo.

Estos últimos días hemos vivido escenas de reivindicación y solidaridad y hemos coreado consignas a favor de la justicia social y en contra de unos políticos que solamente son capaces de seguir los dictados de los mercados. Hemos comprobado que, por fin, algunas conciencias han despertado, que muchos ciudadanos se han rebelado contra una sociedad que les trata como simples números. En definitiva, muchos nos hemos ilusionado y emocionado al ver como miles de gargantas proclaman al fin a gritos su indignación.

Y a pesar de todo esto, ¿alguien ha visto a los políticos de los grandes partidos preocupados por las protestas? En absoluto, la campaña electoral ha continuado con total normalidad. Algunos, han reconocido que entienden la indignación, otros han arrimado el ascua a su sardina y el resto, simplemente, se ha limitado a desprestigiar y deslegitimar estas protestas a través de sus medios afines.

Y, ¿por qué los políticos de los grandes partidos se pueden permitir dormir tranquilos cuando tienen a tantos ciudadanos protestando en la calle? El problema que tiene el movimiento “Democracia real ya” es el cómo. ¿Cómo hacer realidad sus reivindicaciones? Las reivindicaciones de los congregados es las plazas de toda España son más bien difusas y poco consensuadas, por mucho que sean justas y muchos ciudadanos nos sintamos identificados con ellas.

Confiar en que los partidos que monopolizan el control de todos los aparatos del Estado van a reflexionar y van a promover reformas en el sistema que les permite el control del país es, sencillamente, utópica. Es algo que no va a suceder. Esperarán tranquilamente a que se pase la fiebre o, como mucho, ofrecerán algún “caramelito” que contente a una parte de los “indignados” para conseguir que el movimiento pierda fuerza y acabe disolviéndose.

Este tipo de movilizaciones inspiradas en los movimientos de protesta en algunos países árabes no parece que puedan tener éxito en plasmar sus reivindicaciones en medidas concretas. Incluso en el caso Egipcio, que tenía una meta más clara, solamente se consiguió la sustitución de Mubarak por una Junta Militar y las promesas de una profundización democrática que aún no se ha producido.

Para lograr cambiar leyes y políticas concretas se requiere un trabajo continuado, como el que han llevado a cabo asociaciones y otras organizaciones ante la indiferencia de una sociedad totalmente desmovilizada hasta que ha sido demasiado tarde. Mientras la economía de mercado nos hacía felices consumidores, casi nadie cuestionó la Ley Electoral o los escandalosos beneficios de la banca. Incluso muchos alardeaban de su necedad con la manida frase “no me interesa la política”, como si estuviésemos hablando del coleccionismo de sellos o de la música barroca, de cosas que no afectasen a nuestro modo de vida.

Aún así, creo que es importante que los que nos consideramos progresistas de verdad apoyemos este movimiento para que sirva, al menos para despertar conciencias. Pero si de verdad queremos que las cosas cambien, la única opción es la participación activa. Si nos implicamos en partidos, sindicatos o asociaciones podremos cambiar las cosas de verdad. Si no lo hacemos, todo quedará en un bonito brindis al sol, en un bonito recuerdo para contar a nuestros nietos.

Actualización: vistos los resultados electorales en los comicios celebrados ayer se confirma la idea de que la transformación de la democracia es un largo camino que no ha hecho más que empezar. Esta transformación hay que conseguirla desde el trabajo diario, desde la base, ya que los grandes partidos, y sobre todo el Partido Popular, han salido reforzados de estas elecciones, lo que les permite negar la legitimidad de las concentraciones de “Democracia real ya”.

 

About José Luis Salgado Airas

Mi nombre es José Luis Salgado y vivo en Vitoria-Gasteiz. Soy periodista y trabajo en comunicación online como freelance.
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