Reforma laboral y sindicatos: cambio de modelo

Concentración en Vitoria-Gasteiz contra la Reforma LaboralAyer las calles se llenaron de manifestantes expresando su rechazo a la Reforma Laboral impulsada por el Gobierno de Mariano Rajoy, mientras éste celebraba en Sevilla el Congreso triunfal de su formación, reforzada con un triunfo aplastante en las pasadas Elecciones Generales.
Mientras tanto, los sindicatos sacan músculo y movilizan a la ciudadanía, que se apresta a rechazar una reforma laboral que cercena de raíz alguno de los derechos históricos de los trabajadores. Vamos, que estamos ante una reedición del clásico enfrentamiento, la versión social del Madrid-Barça, un enfrentamiento que ya empieza a aburrir a todo el personal por su previsibilidad.
El objetivo de esta reforma es claro: precarizar la contratación para que crezca el empleo, una fórmula que ya ha funcionado en países de Centroeuropa. Lo que no garantiza en absoluto que funcione aquí: ni los trabajadores ni los empresarios alemanes piensan como los trabajadores y los empresarios locales. Es un sistema que explota el miedo: con tal de no perder el empleo, me acojo a las condiciones laborales, aunque sean precarias.
Pero nadie habla de la insostenibilidad del modelo actual, el modelo del crecimiento ilimitado, algo que se echa mucho de menos en unos sindicatos que se han integrado en el sistema sin modificar sus planteamientos desde que la economía era principalmente proteccionista, algo que permitió al tardofranquismo “proteger” a los trabajadores frente a los abusos de la patronal. Este modelo es el que se consagró en el Estatuto de los Trabajadores, ya en el periodo democrático.
Las condiciones que permitieron ese estatus de los sindicatos en el juego de poder del sistema constitucional han desaparecido, pero el discurso sindical ha cambiado poco. Y lo mismo se puede decir de las herramientas de presión con las que juegan. Solo hay que ver las cifras de las últimas huelgas generales en España. Además, han acumulado una serie de agravios que se han exacerbado con el incremento de trabajadores precarios frente a los que gozaban de estatus de funcionarios o trabajadores con contrato indefinido. Todos hemos oído críticas a los sindicatos por defender solo a los suyos, por firmar convenios aberrantes a cambio de curiosas “contraprestaciones”, sobre sindicalistas liberados que se pegan la vida padre, delegados que aprovechan sus horas sindicales para irse de puente, etc.
Pero no escuchamos críticas al modelo en sí: la tarta es cada vez más escasa y ha crecido el número de comensales, lo que hace que cada vez sea más difícil que el trozo de tarta que nos toca pueda ser más grande. Si los sindicatos no son capaces de cuestionar un modelo que se agota y que arrastra hacia la miseria a cada vez más gente en su intento de perpetuarse, su papel se va a ver reducido progresivamente hasta desaparecer. Y serán otros los que deban gestionar ese cambio y ver como mueren los “dinosaurios” del pasado en un entorno que ha cambiado y al que no se han sabido adaptar.

About José Luis Salgado Airas

Mi nombre es José Luis Salgado y vivo en Vitoria-Gasteiz. Soy periodista y trabajo en comunicación online como freelance.
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One Response to Reforma laboral y sindicatos: cambio de modelo

  1. Manuel says:

    Estando totalmente de acuerdo contigo respecto del modelo económico que es insostenible por los dos motivos, por el despilfarro de recursos y por que va dejando en la cuneta a cada vez más personas, que no le sirven, tendríamos que pensar que si que hay gente, y si no ver el resultado de las elecciones, que sacan todo lo que pueden del sistema, y a vivir…
    Yo soy funcionario del Estado, y en el sector en el que trabajo, el funcionariado, salvo honrosas excepciones, nunca he oido que criticaran las mejoras salariales, de promoción profesional, de días de permiso/vacaciones, de horarios, etc. que en los últimos años consiguieron los sindicatos. Ahora que tocan las duras, pues cómo no nos afecta la precariedad en el trabajo, ni el despido a la carta, “ni caso a los sindicatos que encima perdemos un día de salario por la huelga”.
    Al final los funcionarios que nos sentimos solidarios con el resto de los trabajadores, tenemos la sensación de que estamos haciendo el tonto. Yo pago la cuota de afiliación, y cuando el sindicato consigue cualquier mejora, los primeros en aprovecharse, son todos aquellos/as que ponen verdes a los sindicalistas. Esto lo que lleva es a que nadie sienta necesidad de afiliarse. En otros paises europeos, ya se dierron cuenta que para evitar esa picaresca, los sindicatos representan a sus afiliados, y el que no quiera, que no saque los mismos beneficios sin mover un dedo por los compañeros. O bien en otros, la afiliación es obligatoria a cualquier sindicato.
    Sin sindicatos los trabajadores perderemos nuestros pocos derechos, y el modelo sindical actual tiene que rediseñarse para que los asalariados sientan la necesidad de respaldarlo en las maduras, pero también en las duras.

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