La línea del miedo

MiedoSon tantos los ataques que están sufriendo cada día el sentido común, la democracia, el Estado de Bienestar, la ciudadanía, etc. que uno ya no sabe qué argumentos esgrimir contra una clase política que nos demuestra a diario que está al servicio de intereses que no son los nuestros y que no tiene el menor reparo en mentirnos burdamente cada día para contentar a esos mercados que solamente buscar enriquecerse hasta niveles inimaginables a costa del sufrimiento de los demás.
Vivimos en una sociedad a la que le cuesta despertar de un sueño consumista en el que los bienes materiales sustituían otros valores, precisamente aquellos que nos hacen ser humanos. Día tras día recibimos noticias de desahucios por impagos, de despidos masivos, de recortes en temas tan importantes para nuestro futuro como sociedad como la educación, la cultura o la sanidad. Sin embargo, la indignación lógica ante esta situación no acaba de materializarse en una respuesta concreta ante este abuso.
Parece que el individualismo que ha fomentado el modelo económico ha calado tanto en nuestro imaginario social que somos incapaces de responder ante estos ataques hasta que nos afectan directamente. Y sí, existe el miedo: miedo a perder nuestro empleo, nuestra vivienda, nuestras vacaciones en el Caribe o nuestros coches de alta gama. En definitiva, tenemos miedo a perder nuestro modo de vida despreocupado y consumista.
Pero la dura realidad se está imponiendo a pasos agigantados y cada vez son más las personas que traspasan la línea del miedo. Es cierto que aún no son la mayoría de la población: muchos continúan creyéndose la gran mentira de que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades y que, por nuestra culpa, ahora hay que recortar hasta el nombre de los ministerios. Y esa gente continuará dando su voto a los partidos que nos han llevado hasta este punto de no retorno, subyugados por sus falsos argumentos y su marketing político.
Pero, ¿cuánta distancia separa la línea del miedo de la de la rebeldía? La estabilidad social acabará siendo una víctima más de los “ajustes” de un modelo que tiene fecha de caducidad, bien sea por las buenas, mediante una transición ordenada y basada en el sentido común y el conocimiento, bien sea por las malas, mediante el caos y la violencia, algo que nadie debería desear.
Y si alguien tiene la tentación de acusarme de alarmista, no tiene más que repasar un poco la historia de nuestro continente. No hace tanto tiempo que la inoperancia y la ceguera de unos políticos mediocres y a sueldo de intereses particulares nos arrastraron hacia el horror de una guerra que costó millones de vidas. Estamos a tiempo de despertar y evitar esa línea. Y para evitarla, es imprescindible que venzamos al miedo y aprendamos a mirar más allá de lo que nos venden cada día desde los medios de comunicación.

Foto: ELEOTH (Flickr)

About José Luis Salgado Airas

Mi nombre es José Luis Salgado y vivo en Vitoria-Gasteiz. Soy periodista y trabajo en comunicación online como freelance.
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