Es 8 de marzo, sal a la calle

8 marzo 2014
De entre todas las desigualdades que sufre nuestra sociedad, la que tienen que sufrir las mujeres siempre me ha parecido la más absurda y gratuita. Cuando era un joven optimista, cuando pensaba que el mundo se podía cambiar y que inexorablemente caminábamos hacia una igualdad total, soñaba que el 8 de marzo algún día sería una celebración en recuerdo de los años de lucha que había conseguido lograr por fin una sociedad realmente igualitaria. Desgraciadamente, la justa igualdad no solamente no ha llegado, sino que estamos sufriendo un retroceso sin precedentes en la historia reciente en los derechos de la mujer.
La crisis sistémica que se ha adueñado de nuestras vidas, fruto de la combinación de crisis de modelo económico, crisis medioambiental y crisis energética, se está cebando especialmente con las mujeres. No hace falta que reproduzca datos estadísticos: hoy aparecen en los muchos medios de comunicación y se citarán en las movilizaciones que se han organizado por todo el mundo. Las desigualdades que una persona tenía que sufrir por el mero hecho de nacer mujer se han incrementado en los últimos años y no parece que la tendencia vaya a cambiar a corto plazo. Más bien, todo lo contrario.
Todas las políticas de recortes que estamos sufriendo solamente con el fin de maquillar datos macroeconómicos y a resguardar los intereses del sistema financiero que ha contribuido de manera decisiva a crear esta situación están afectando de manera directa a las mujeres. Los recortes en sanidad, en dependencia, en educación pública, en derechos laborales y en prestaciones sociales no hacen más que acentuar las desigualdades que no hemos podido superar en los años de democracia y bonanza económica. Unas condiciones bajo las que, en teoría, podríamos haber superado una lacra que arrastramos desde hace milenios. Pero no lo hicimos.
Es más, a todo lo anteriormente señalado tenemos que añadir ahora el resurgir de actitudes retrógradas que parecían ya superadas, o al menos, controladas en sus reductos habituales. Pero el integrismo religioso y la intolerancia política vuelven a asomar sus cabezas y a tratar de imponernos su moral. Por supuesto, las mujeres son de nuevo quien se lleva la peor parte. La nueva ley del aborto del ministro Gallardón supone no un paso, sino un salto atrás de previsibles nefastas consecuencias. También las políticas educativas, como la segregación por sexo en las escuelas concertadas, contribuyen poco a superar de una vez por todas las desigualdades y, lo que es peor, la violencia contra las mujeres.
Parece que la única forma de dar la vuelta a esta alarmante situación es apostar por dar un giro realmente democrático a un sistema que hace aguas y que ya ha mostrado su verdadero rostro. Nuestra generación es la primera que ha sufrido en Europa la sensación de exclusión social cuando no eres necesario, algo habitual en otras partes de mundo. Pero no es esta la Europa que queremos y necesitamos. Necesitamos construir una Europa basada en el empoderamiento ciudadano, que nos garantice un futuro digno e igualitario, que gestione adecuadamente los recursos naturales de los que disponemos y que debemos preservar para las generaciones venideras y con un sistema económico a escala humana, que esté libre de fantasías financieras para permitirnos a todas mantener un digno nivel de vida.
Esta es la verdadera luz al final del túnel. Y solamente lo vamos a conseguir si nos implicamos en la gestión de lo público, lo que es nuestro, de todas y todos, que debe ser gestionado de acuerdo a nuestras necesidades reales y no estar al servicio del enriquecimiento desmedido de una casta oligarca. Es tiempo de dejar el sofá y bajar a la calle. Nadie nos va a regalar nada, tendremos que ir a buscarlo nosotros.

About José Luis Salgado Airas

Mi nombre es José Luis Salgado y vivo en Vitoria-Gasteiz. Soy periodista y trabajo en comunicación online como freelance.
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