1 de mayo, ¿qué fue de la clase obrera?

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Uno de los mayores defectos que tenemos los humanos es que tendemos a pensar que una determinada situación se puede prolongar indefinidamente en el tiempo. Y da igual que hablemos de una relación sentimental, laboral o el propio estatus social y político en que la sociedad se ve inmersa. Y aun cuando la propia realidad y la Historia nos demuestran que la vida es un cambio perpetuo, nos empeñamos en taparnos los ojos y obviar esa realidad. Todo esto viene a cuento de la celebración del 1 de mayo, en la que los sindicatos volverán a salir a las calles a manifestarse contra la explotación, agudizada durante esta última década con las políticas de austeridad, de la denominada “clase obrera” por el marxismo clásico.

Pero, ¿qué fue de la clase obrera? Parece que el sentimiento de pertenencia a una clase y la propia dialéctica de lucha de clases ha ido desapareciendo de la conciencia colectiva de nuestra sociedad. Es evidente que en prácticamente todos los colectivos humanos siempre ha habido una clase o élite dirigente y  otra inferior, subordinada a aquella, a la que controlan y explotan para mantener, y si pueden, incrementar su poder y riqueza. Pero el capitalismo consumista ha sabido dividir o segmentar, y por tanto desactivar, a esa clase obrera que nació con la Revolución Industrial. La consolidación del tercer sector ha creado unas clases medias que no se identifican con la lucha de clases, algo que perciben como superado. Y es por eso que durante los años de bonanza, los felices años de la burbuja, los sindicatos han ido perdiendo su esencia y una gran parte de la ciudadanía prefería irse a la playa a disfrutar del día festivo en lugar de acudir a movilizaciones que ya no percibían como propias.

La crisis ha puesto en evidencia a un sistema económico que no ha dudado en soltar lastre, en forma de exclusión social, para salvar los muebles de los suyos, los bancos y las grandes corporaciones. Esto ha significado más paro, desahucios, recortes, privatizaciones e incluso muertes (por recortes en sanidad, suicidios motivados por pérdida de empleo o de vivienda). Lo que me resulta curioso es cómo mucha gente percibe la crisis. En lugar de buscar las causas reales de lo que nos han vendido como crisis financiera, la gente lo ve como si fuese un fenómeno meteorológico, una tormenta o un huracán que llega hasta nosotros, nos destroza un par de cosillas y se va. Y ahora nos dicen que escampa, que ha llegado la recuperación y ya estamos en la anhelada senda del crecimiento. Que hemos perdido algunos derechos, cual pelos en la gatera y que ahora tendremos que ir recuperándolos poco a poco para volver a la situación anterior a 2007, y si se puede, mejorarla.

A lo que quiero llegar es que muchas personas no son capaces de ver que estamos inmersos en un cambio histórico por su dimensión. La crisis, esa que dicen que ya se ha superado, es mucho más que una crisis financiera. Es también una crisis ambiental y energética. El cambio climático, el cenit del petróleo y de otros recursos básicos para la continuidad de un modelo económico basado en la amplia disponibilidad de energía, en el despilfarro de recursos y en el deterioro de nuestro medio ambiente, son obviados en los análisis de los economistas afectos al sistema, sin importarles que sus tesis contradigan las leyes de la Física y de la Ecología.

El capitalismo, tanto como el marxismo, son fruto de una Revolución Industrial basada en el creciente consumo de recursos energéticos de origen fósil, una situación que pensamos que sería eterna y que nos permitiría crecer exponencialmente y sin límites. Pero las leyes de la Física, esas que se muestran inmutables desde el átomo más pequeño hasta la galaxia más grande, están por encima de las leyes del mercado. Y ya hemos llegado al límite. Y lo hemos sobrepasado en algunos aspectos, como puede ser la alteración climática de la que somos responsables. Es, por tanto, hora de despertar conciencias y de replantearnos conceptos y estrategias. De adaptarnos a la realidad actual. De otra forma, simplemente seguiremos corriendo hacia el precipicio cada vez con más rapidez. De plantearnos el decrecimiento y la desglobalización no como teorías u opciones personales, sino como una necesidad paras mantener una sociedad con un sustrato democrático y sostenible que podamos legar a las próximas generaciones.

About José Luis Salgado Airas

Mi nombre es José Luis Salgado y vivo en Vitoria-Gasteiz. Soy periodista y trabajo en comunicación online como freelance.
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