El rey encasillado

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Si algo volvió a quedar claro el el discurso navideño de ayer del monarca Felipe VI, es que vive alejado de lo que pasa en las calles de su “reino”. Su discurso previsible, patriotero y continuista es más de lo mismo, un discurso heredado de su padre y del que sentó a su padre en su trono. Es un rey encasillado, a pesar de los esfuerzos de sus asesores por darle un toque de modernidad a la institución monárquica que consagró la Constitución de 1978, esa que muchos ciudadanos no pudimos votar y que pide a gritos una seria actualización. Es un rey encasillado en el papel de defensor de quienes se benefician del actual ordenamiento jurídico y una barrera frente a las fuerzas que, legítimamente, cuestionan un orden de cosas que pretenden sea inmutable, desafiando así a la lógica de la Historia.

Y allí estaba él, solo en un inmenso salón del trono y defendiendo los mismos mantras de siempre: la unidad de España, lo que nos une por encima de las diferencias, la sumisión al imperio de la ley y la necesidad de crecimiento económico sostenido para luchar contra desempleo. Pero la realidad es que estos principios se cumplen cuando interesa a la élite que en realidad gobierna este país, lo que resta toda credibilidad a un Jefe de Estado al que la ciudadanía no puede elegir. Que triste tener que defender lo indefendible. No se puede exhortar a evitar repetir los errores del pasado y no aplicarse el consejo a si mismo.

Al igual que Rajoy o Sanchez, la apuesta del monarca es confiar en que pase la crisis y todo vuelva a su “normalidad”. Pero ese tren ya partió hace tiempo y las cosas han cambiado demasiado para que volvamos a ser ese país que se comportó durante un par de décadas como un nuevo rico. La crisis sigue larvada en nuestra sociedad porque hemos topado con los límites del crecimiento económico que sustenta el capitalismo neoliberal, algo que no quieren ver quienes nos gobiernan (y no me refiero a los cargos electos). Desafíos como el cambio climático, el fin del petróleo barato o la escasez de otros recursos básicos para alimentar el depredador modelo económico que tenemos son obviados y, por tanto, perdemos la oportunidad de que la adaptación a una nueva realidad se haga de forma justa y democrática. Algo que es imposible que aprecie quien vive entre algodones en su palacio de oro y cristal.

About José Luis Salgado Airas

Mi nombre es José Luis Salgado y vivo en Vitoria-Gasteiz. Soy periodista y trabajo en comunicación online como freelance.
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