El problema no es Cataluña, es España

Es cada vez más complicado hacer una reflexión serena en medio de la vorágine de acontecimientos que estamos viviendo estos días a causa de la convocatoria de referéndum de autodeterminación convocado por la Generalitat para del próximo 1 de octubre. La ruptura con la legalidad vigente hasta ahora basada en la Constitución del 78 certificada por el Parlament y la respuesta represiva del aparato del estado español está generando una situación extrema, en la que minuto a minuto se desvanece la posibilidad de una solución política verdaderamente democrática. No es cuestión de culpar a unos o a otros, cada cual tendrá su opinión al respecto, pero quiero aprovechar para hacer mi propia aportación al debate, abriendo un poco más el foco, ya que a veces me da la sensación de que el árbol catalán no nos deja ver el bosque.

Es innegable que España como proyecto ha perdido su legitimidad para una gran parte de la ciudadanía a la que engloba y no solamente en Cataluña o en Euskadi. Y sin esa legitimidad, de nada sirven las leyes que emanan de un estado y con las que funcionan sus estructuras, un estado y una legislación que nos fue impuesta a gran parte de la ciudadanía, aquellas generaciones que no votamos la Constitución y que no hemos conocido otra cosa que la alternancia en el gobierno de un bipartidismo que ya ha demostrado en infinidad de ocasiones ser diferentes caras de la misma moneda. Un estado sin legitimidad es un estado fallido y ante esta situación habría que actuar de una forma responsable y sosegada, pero tomando decisiones de profundo calado, le duela a quien le duela.

Aunque mucha gente aún no sea consciente, vivimos en una época de emergencia social. Factores como el cambio climático o la crisis energética asociada al fin de la época del petróleo barato y accesible determinan que vivimos ya el declive de la civilización occidental tal y como la conocemos, hipotecando un futuro que no va a ser como nos habían contado. En una situación de decrecimiento forzoso, mantener las estructuras de un estado como el español es prácticamente inviable, el futuro pasa por la resiliencia local, por un gobierno solidario y cercano a la ciudadanía, algo imposible de garantizar por un estado-nación capitalista al uso desde el principio de la Revolución Industrial, alimentado por la energía barata de los combustibles fósiles. Evidentemente, esto vale también para cualquier estado-nación que se cree a partir de la secesión: un cambio de bandera no soluciona nada en sí, aunque eso seguramente no importará demasiado a los nacionalismos independentistas que los promueven.

Si realmente queremos afrontar un futuro con garantías para que las próximas generaciones puedan disfrutar de una vida digna, tenemos que ser valientes y reformar de manera profunda y consensuada nuestro obsoleto sistema institucional. Es decisión de la ciudadanía el seguir con un estado fallido en continua tensión y que pierde legitimidad democrática día a día, que nunca se ha creído lo de la “nación de naciones” y que nunca ha hecho el más mínimo esfuerzo por integrar (desde el respeto) las diferentes culturas aglutinadas bajo la etiqueta España. Es hora de abordar un proceso constituyente que actualice la realidad institucional a la realidad social, política y económica de la época actual, muy diferente de la España de nuestros padres y abuelos que votaron una Constitución que 40 años después ha demostrado no ser más que un lavado de cara de ese franquismo enquistado en lo más profundo del imaginario de una parte de la sociedad.

Papeleta_Referendum_2017Soy consciente de que lo que propongo es pedir peras al olmo, que el tiempo para la moderación ya ha pasado y que, con motivo del referéndum del 1-O ya estamos viendo el verdadero rostro de la “democracia” española, pero YO TAMBIÉN QUIERO VOTAR. Eso sí, no me vale una simple pregunta, quiero poder decidir las bases del modelo de sociedad necesitamos para afrontar el reto de futuro al que nos enfrentamos, con toda la información sobre la mesa y sin condicionamientos previos. Eso es la democracia, al menos como algunos la entendemos. Y dicho esto, y pase lo que pase el 1-O, deseo a la ciudadanía catalana lo mejor, espero que acierten y que puedan consensuar un modelo que aglutine si no a todas, a la mayor parte posible de las personas que habitan esa tierra a la que amo profundamente.

About José Luis Salgado Airas

Mi nombre es José Luis Salgado y vivo en Vitoria-Gasteiz. Soy periodista y trabajo en comunicación online como freelance.
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